El patio de mi casa está escarchado

El patio de mi casa está escarchado

Florisa Naranjo, de 50 años, es una mujer baja y delgada. Lleva el pelo a nivel de la barbilla y tiene los ojos grandes. A simple vista no parece que haya nada fuera de lo común en ella; pero en el interior de su casa las cosas son distintas

Debajo de una gran ceiba, que proporciona una sombra fresca, se encuentra la colorida plaza Sucre del Hatillo. Un pequeño nicho de tranquilidad que pasa desapercibido en el ajetreado día a día cotidiano. Personas la rodean rápidamente sin detenerse a contemplarla. Al lado, una casa con las paredes pintadas de coral y su puerta de madera colonial observa todo; Nadie si quiera se imagina lo que ahí pasa.

Sentada en uno de sus cuatro banquitos, bajo mi paragua azul, me doy cuenta que en la casa coral hay un papel pegado que dice: “El rosario a la Virgen de la Rosa Mística se realiza los miércoles de 4pm a 7pm”. Toco la puerta y un muchacho de unos 17 años me abre y a sus espaldas se escucha: “¿Ya llegaron? ¡Ya voy!”.

Florisa Naranja, dueña de la casa, tiene puestos unos blue jean y una camisa blanca, me mira extrañada como si esperara a alguien más. “Pasa rápido que estoy esperando a una gente”. Se sienta en una silla de madera del mismo estilo de la puerta y señala el altar. “Ese es el altar de la Virgen de la Rosa Mística. Aquí hubo una manifestación sabes? Fue en el 99 y desde entonces la Virgen escarcha y emana aceite”.

En un lado de la sala, de color azul pastel, dorado y beige se encuentra el altar. Es de madera, pintado a mano y está bordeado de filigranas. Tiene dos Vírgenes y hay flores de todo tipo a su alrededor. Varios santos lo acompañan y cuatro velones lo alumbran; el resto de la sala se mantiene poco iluminada.

“Yo le acababa de poner unas rosas a la Virgen que siempre hemos tenido en la casa, esa de arribita que esta ahí, y de repente me di cuenta que estaba toda escarchada”. Dice mientras me enseña sus manos y se toca la cara, indicándome donde estaba la escarcha. En la mañana del 7 de noviembre de 1999 Florisa Naranjo experimentó, junto con toda su familia, la primera manifestación de muchas de la Virgen de la Rosa Mística.

Durante el primer año pasaron cosas asombrosas. Todos en la casa se escarchaban, sobre todo los niños, y hasta en dos ocasiones aparecieron en el piso, frente al altar, rosarios de escarcha. Cuando eso sucedió Florisa comenzó a hacer rosarios diarios en su casa que más adelante pasaron a rezarse los miércoles. “Para mi eso fue una petición de la Virgen, ella quería que se le rezaran más rosarios. En lo que se comenzó a hacer dejó de pedirlo”.

Hoy en día, a pesar de que las manifestaciones se han vuelto más esporádicas, La Virgen de la Rosa Mística sigue escarchando y emanado aceite. Todos los miércoles se acercan personas de diferentes lugares: Desde incrédulos que quieren constatar el hecho, personas que simplemente quieren rezar el rosario y hasta gente que busca sanaciones. La manifestación de la virgen no solo ha traído alegrías para esa casa, sino, para toda la plaza Sucre. Gracias a ello, se han acercado más personas a conocerla y disfrutarla.

Florisa ha vivido toda su vida en esa casa coral, al lado de la plaza Sucre del Hatillo. Su gran puerta de madera es su acceso personal. “Esta plaza me vio crecer, toda mi infancia la pase aquí. Lo más importante que me ha pasado, la manifestación de la Virgen, sucedió aquí. Yo considero que esta plaza es como el patio de mi casa”. Dice mientras se asoma por la ventana para ver la ceiba.

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